sábado, 14 de diciembre de 2013

REDENCIÓN AMOROSA


Don Juan Tenorio simboliza la clausura de un romanticismo liberal o rebelde y la entrada en un romanticismo que se acoge más a la moral católica tradicional, con un espíritu más conservador. Esta consideración sería de vital importancia a la hora de plantearse cómo se desenvuelve el desenlace de los personajes y, especialmente, el de don Juan.

El personaje de don Juan, siguiendo las pautas de la leyenda donjuaniana nacida a finales del siglo XVI y explotada magistralmente por autores barrocos como Tirso de Molina en su Burlador de Sevilla, se presenta desde el principio como un ser descreído, irreverente y satánico, al que parece no importarle la salvación de su alma (en este sentido, Don Juan se aproxima bastante al titanismo representado por Don Félix de Montemar en El estudiante de Salamanca). Ahora bien, a diferencia de Félix de Montemar, el protagonista de Don Juan Tenorio se muestra (al final de la obra) arrepentido por sus pecados:

DON JUAN:
¡Clemente Dios, gloria a Ti!
Mañana a los sevillanos
aterrará el creer que a manos
de mis víctimas caí.
Mas es justo; quede aquí
al universo notorio
que, pues me abre el purgatorio
un punto de penitencia,
es el Dios de la clemencia
el Dios de Don Juan Tenorio.

En sus últimos momentos, estando en el panteón de la familia Tenorio, don Juan pide clemencia a Dios para que Éste se apiade de él y lo perdone. Ese arrepentimiento hace factible la posible salvación del alma de don Juan.  Pero es doña Inés la que ocupa un lugar inexcusable en la salvación de don Juan: doña Inés, llevada por su amor puro y honesto, ofrece a Dios su alma en precio del alma impura de Don Juan, algo que sería posible incluso desde un punto teológico.
 
DOÑA INÉS:
Yo mi alma he dado por ti
y Dios te otorga por mí
tu dudosa salvación.
Misterio es que en comprensión
no cabe de criatura,
y sólo en vida más pura
los justos comprenderán
que el amor salvó a don Juan
al pie de la sepultura
 
Doña Inés entregaría su alma en redención de los pecados cometidos por don Juan. Desde este punto de vista, el amor de doña Inés respecto a don Juan resultaría redentor y salvífico. Esta interpretación justificaría el subtítulo que recibe este drama de José Zorrilla, Drama religioso-fantástico en dos partes.

Como conclusión, podríamos decir que el desenlace de este drama romántico se ajustaría a un canon moral tradicional, en el que el amor actúa como fuerza redentora de los pecados de don Juan, haciéndose posible de esta manera la salvación de su alma.

 

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