martes, 3 de diciembre de 2013

PASIÓN AMOROSA PLANTEADA DESDE UNA PERSPECTIVA MANIQUEA


                En su célebre obra El estudiante de Salamanca, José de Espronceda plantea desde el principio una pasión amorosa teñida por la maldición y abocada a la locura, a la desventura y al infortunio.
                Para comprender esto, habría que analizar brevemente la caracterización que se da de los dos personajes principales, don Félix de Montemar y doña Elvira.
               Don Félix aparece como un ser descreído, osado, altanero, insolente e irreverente, encarnando de esta manera la leyenda de don Juan Tenorio. Se nos presenta, pues, como un personaje malévolo, maldito y satánico. En este sentido, Montemar representaría el Mal.
Segundo don Juan Tenorio
alma fiera e insolente,
irreligioso y valiente,
altanero y reñidor
              En el polo opuesto se halla Elvira, que se levanta como un ser inocente, tierno, angelical, puro y virtuoso; simbolizaría el Bien.
 
                             Bella y más segura que el azul del cielo
                             con dulces ojos lánguidos y hermosos
                             donde acaso el amor brilló entre el velo
                             del pudor que los cubre candorosos
                             tímida estrella que refleja al suelo
                             rayos de luz brillantes y dudosos
                             ángel puro de amor que amor inspira
                             fue la inocente y desdichada Elvira
 
              Por tanto, podemos entender la pasión amorosa que se da entre don Félix y doña Elvira como lucha o dicotomía entre el Bien, cuyos valores están representados por Elvira, y el Mal, cuyos principios los encarna don Félix. Éste es el verdugo que arrastra a Elvira a la esclavitud(es decir, la esclavitud del amor) y, posteriormente, a la muerte. Montemar sume a Elvira en una especie de “encanto amoroso maldito” hasta el punto de que ésta llega a contemplar extasiada a Don Félix como un dios al que adora:
 
                            Cuando sus labios con sus labios sella
                            cuando su voz escucha embebida
                            embriagada del dios que la enamora,
                            dulce la mira, extática le adora
 
               Elvira es víctima de un amor que la está envenenando y consumiendo y que, finalmente, la acaba matando. Ese amor la conduce a la locura y, es precisamente esa locura la que mantiene a Elvira engañada e ilusionada al mismo tiempo: engañada porque no se percata de que don Félix no comparte el mismo amor hacia ella pero, por otra parte, es ese engaño (o vana ilusión) en el que ella vive sumida lo que le permite seguir viviendo todavía con ilusión. Finalmente, Elvira termina recobrando la cordura y es entonces cuando descubre la cruda realidad:
 
                            ¿Qué me valen la gracia y la belleza,
                              y amar como jamás amó ninguna,
                              si la pasión que el alma me devora,
                              la desconoce aquel que me enamora?
 
              El dolor que produce en Elvira el contacto con la realidad presente tras recobrar la cordura desemboca en su agonía y muerte. En este sentido, podría considerarse que esa pasión amorosa que siente doña Elvira hacia don Félix se plantea en términos maniqueos, como un enfrentamiento entre el Bien y el Mal, entre la virtud y el desenfreno, entre lo mundano y lo celestial.
 


 





 

No hay comentarios:

Publicar un comentario